Réquiem por un manglar

Réquiem por un manglar

Ilustración y texto publicados en Boreal

Mientras se decidía si era o no era legal y si tenían permiso o si no, los perpetradores de las obras destruyeron, aniquilaron, acabaron, rompieron, desbarataron, derribaron, desmoronaron, arruinaron, asolaron, desolaron, destrozaron, abatieron, arrasaron, desintegraron, pulverizaron, desmantelaron, exterminaron y mataron el manglar de Tajamar.

¡Cuántos sinónimos para describir la monumental idiotez humana! Misma que puede resumirse en que la naturaleza es sabia pero la humanidad, para desgracia de este planeta y de todos los seres vivos que lo habitamos, no.

Luego vendrán los grandes hoteles, donde veranearán señoras y señores en chanclas, quienes borrachos de margaritas –porque hay que consumir el producto “nacional”- se pasearán muy ufanos por el terreno usurpado a los cocodrilos, a las tortugas, a los peces de colores. Los llevarán de recuerdo a sus parientes – serán copias de peluche, sin vida y sin color – adquiridos en el “lujoso mall” en el no cabe ni una pizca de pudor ni de vergüenza.

Durará un tiempo la abundancia de dólares y de trabajo, quizá, mientras la naturaleza se recupera. Después azotará con toda su huracanada fuerza y todos, desmemoriados y tristísimos, nos preguntaremos por qué extraña razón ella, todopoderosa, se ensaña con tal fiereza en contra de nosotros, los seres humanos mentecatos.

Lola Zavala

 

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