Vivos los queremos

Vivos los queremos

Bordados en memoria de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero, México. Forman parte de los 49 bordados por Ayotzinapa, realizados en Barcelona y entregados a la Caravana 43, el 9 de mayo de 2015.

Textos: Animal Político

Carlos Iván Ramírez Villareal

Carlos Iván tiene 20 años y, aunque es calmado, “sus más amigos le dicen Diablo, el Diablito… quién sabe por qué –dice un normalista–, la verdad es que es bueno el bato, no se mete con nadie, tranquilo, pero en buena onda, no payaso pues…”

Jorge Aníbal Cruz Mendoza

“Jorge Aníbal es de Xalpatláhuac, y es de la banda de los Kínder, son primos todos ellos, a él le dicen Chivo, y no sé por qué…se trajo ese apodo de su pueblo. Es serio el Chivo, casi no echa desmadre, sí es llevado, pero casi nunca echa desmadre…”

Felipe Arnulfo Rosa

Felipe Arnulfo “tiene 20 años –dice su padre, un anciano indígena, que articula con suma dificultad algunas palabras en español–. Somos de Rancho Papa, municipio de Ayutla. Somos campesinos.”

Felipe se cayó de espaldas siendo chiquito, narra, con ayuda de otro padre que traduce sus palabras, “y tiene una cicatriz en la nuca”.

José Eduardo Bartolo Tlatempa

“Mi hijo se llama José Eduardo Bartolo Tlatempa, tiene 17 años y es de Tixtla –dice el padre de este joven secuestrado–, es estudiante de primer año de la Normal Rural y nosotros tenemos la esperanza de que él se prepare, que sea un profesionista… yo soy trabajador de la obra, albañil de oficio, y en este momento estoy desempleado, pero lo que importa ahorita es este problema, el rapto de nuestros muchachos, y queremos que se solucione de manera inmediata.”

Leonel Castro Abarca

Leonel es de la comunidad de El Magueyito, municipio de Tecuanapa, y para sus amigos “es una persona seria, pero sí tiene sentido del humor el camarada, él no tiene apodo, es el Leonel, es una persona seria y un día me contó que soñaba ser maestro, porque quería sacar a sus padres adelante… él me contó que su padre es campesino y su mamá ama de casa… su sueño es ayudarlos, atenderlos”.

Mauricio Ortega Valerio

Mauricio tiene 18 años, y lo apodan “Espinosa”, explican sus amigos “porque cuando quedó pelón –puesto que es tradición en la Normal de Ayotzinapa el que los alumnos de primer ingreso deben raparse–, tiene cierto parecido con Espinosa Paz, el cantante, y porque también tiene así como el bigotito… Él es de un pueblo que se llama Matlalapa o Matlinalapa, algo así, de por La Montaña, y se prepara para ser maestro bilingüe… El compa es tranquilo, pues, se lleva bien con todos, pues, siempre en igualdad con todos…”

Saúl Bruno García

A Saúl lo conocen como Chicharrón, y es “desmadroso hasta donde más no se puede. Es de los que trata de hacerte reír hasta donde más, muy bromista, muy amigable. Él fue el que me rapó, él nos rapó a todos los de la Casa Activista, con la maquinita, y yo tenía fotos de ese momento en mi celular, pero los policías me lo quitaron (el 26 de septiembre)”.

Su mamá, primero desconfía, pero luego suelta su enojo: “¡Nos tienen que ayudar! Mi hijo Saúl tiene 18 años cumplidos y es de Tecuanapa, yo soy campesina… A mi hijo le falta un dedito –dice, y se mira el dedo anular de la mano izquierda, con añoranza–, cuando estaba chiquito lo mordió el molino, estaba moliendo mi cuñada y él metió la mano en la banda, estaba jugando, y le cortó su dedo y el otro, el dedo medio, se lo cosieron y quedó así, no estaba derechito…”

 

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